Prof. Adilberto Herrera Chuquihuanga
Cuando los Nazis llegan al poder en 1933, Heinrich Himmler es ya el jefe de las SS y quien determina la inteligencia del Nazismo junto con Adolf Hitler, quien asumió el gobierno alemán en el año 1933. Convertidos en eminencias del Partido Nacional Socialista, tienen vía libre para emprender la realización de su sueño: volver a la vieja Alemania “Aria”. Los alemanes introdujeron una ideología de principios como: 1) Sólo los mejores sobreviven, los débiles desaparecen; 2) Debe dominar el mundo una súper raza, La Aria (blancos), la más fuerte, la más pura. 3) Alemanes con suprema autoridad política, 4) La obediencia hasta la muerte, 5) Los judíos son comunistas subversivos, hay que exterminarlos; 6) enseñar a los niños en las escuelas a menospreciar a los judíos y expulsarlos del territorio.
El 27 de enero de 1945, soldados del Ejército Rojo que pertenecían al primer frente ucraniano franquearon las puertas del mayor, peor y más letal campo de exterminio que haya conocido la humanidad. Era un típico día de invierno en el sur de Polonia, la nieve lo cubría todo y aún se podía respirar el humo que salía de los crematorios, que las SS habían dinamitado para borrar las huellas del crimen. Todo lo que se encontraron los soviéticos fue una masa informe de almas deambulantes y esqueléticas que iban sin rumbo de un lado a otro, en espera de su inevitable final.
No puede hallarse en la Historia otro crimen tan atroz ni tan fríamente calculado como el que aniquiló a millones de seres humanos en los campos de concentración nazis. Reducidos al estado animal, sometidos a la más espantosa degradación moral y física, hombres, mujeres y niños fueron salvajemente torturados y arrastrados a las c
ámaras de gas por el solo hecho de pertenecer a una raza considerada inferior o de sostener creencias religiosas o políticas antagónicas a las de la «raza de los señores». Hitler fue el origen de este furioso torbellino de la muerte y con él un pueblo fanatizado por la propaganda, educado en el desprecio hacia el hombre no ario, le ayudó a borrar de la faz de la tierra a sus pretendidos «enemigos».
En este afán sistemático, organizado y gradual nazificación” alemana, la vida en los guetos, la muerte en los campos, alcanzando a otras etnias, como a los gitanos, eslavos; el castigo que pagaron los responsables, civiles o militares fue el resultado de la mas insensible actitud alemana que cobro millones de vidas humanas en el proceso de la mas cruenta guerra mundial. Las personas de hoy debemos condenar este accionar haciendo prevalecer que se respeten los derechos humanos.
El 27 de enero de 1945, soldados del Ejército Rojo que pertenecían al primer frente ucraniano franquearon las puertas del mayor, peor y más letal campo de exterminio que haya conocido la humanidad. Era un típico día de invierno en el sur de Polonia, la nieve lo cubría todo y aún se podía respirar el humo que salía de los crematorios, que las SS habían dinamitado para borrar las huellas del crimen. Todo lo que se encontraron los soviéticos fue una masa informe de almas deambulantes y esqueléticas que iban sin rumbo de un lado a otro, en espera de su inevitable final.
No puede hallarse en la Historia otro crimen tan atroz ni tan fríamente calculado como el que aniquiló a millones de seres humanos en los campos de concentración nazis. Reducidos al estado animal, sometidos a la más espantosa degradación moral y física, hombres, mujeres y niños fueron salvajemente torturados y arrastrados a las c
En este afán sistemático, organizado y gradual nazificación” alemana, la vida en los guetos, la muerte en los campos, alcanzando a otras etnias, como a los gitanos, eslavos; el castigo que pagaron los responsables, civiles o militares fue el resultado de la mas insensible actitud alemana que cobro millones de vidas humanas en el proceso de la mas cruenta guerra mundial. Las personas de hoy debemos condenar este accionar haciendo prevalecer que se respeten los derechos humanos.





