domingo, 14 de septiembre de 2008

CONSECUENCIAS DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

Prof. Haydé S. Gayoso Tapia
La bomba atómica es un dispositivo que obtiene una enorme energía de las reacciones nucleares. Su funcionamiento se basa en provocar una reacción nuclear en cadena no controlada. Se encuentra entre las denominadas armas de destrucción masiva y su explosión produce una característica nube en forma de hongo. La bomba atómica fue desarrollada por Estados Unidos durante la II Guerra Mundial, y es el único estado que ha hecho uso de ella contra población civil (en 1945, contra ciudades japonesas).
La derrota de Japon, Japon desantedio el ultimátum y continuo luchando, a pesar de los avances de las fuerzas estadounidenses en el pacifico durnate los meses de abril y mayo de 1945, que pusieron a Japon al borde de la derrota, mientras que rusia se preparaba para entrar en guerra con ese pais, (lo cual haria el 8 de Agosto). La persistencia del gobierno Japones que se negaba al a rendicion restrasando con ello el final de la guerra y causando mas perdidas de vidas humanas, serviria de justificación al presidente Truman de Estados Unidos para ordenar el lanzamiento de la bomba atomica, el arma mas mortifera y debastadora creada por la industria belica.
En los dias 6 y 9 de Agosto de 1945, fueron detonadas 2 bombas atomicas sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, donde causaron estragos tan terribles entre la población, que conmocionaron al mundo, horrorizado ante los alcances catastroficos de la tecnología. Y precisamente por su pavorosa magnitud, esos estragos constituyeron el factor mas importante para que en el futuro se buscara evitar el estallido de una tercera guerra mundial que pudieran conducir al holocausto final. Terriblemente impactado por el ataque nuclear de que habia sido objeto el 2 de setiembre del mismo año japon firmo la rendicion a bordo del acorazado Missouri; anclado en la bahia de Tokio. La segunda guerra mundial después de durar exactamente 2 años habia llegado a su fin.
Se cumplen 60 años del horrendo crimen en Hiroshima y Nagasaki que causó más de 240 mil muertos, ciudades arrasadas, secuelas de enfermedades, y trastornos síquicos, por efectos del terrorismo sobre la población civil en los finales de la Segunda Guerra Mundial. Era el holocausto provocado por dos bombas atómicas para que Estados Unidos implantara el chantaje nuclear, todo acompañado de la siempre presente desinformación y manipulación de la opinión pública estadounidense.
Engaños tras engaños llevaron a muchos norteamericanos a brindar por el éxito y sentirse orgullosos de las misiones de los B-29 que lanzaron sobre esas ciudades la siniestra carga de muerte y devastación.
Se aseguraba que la operación evitó la muerte de un millón de soldados; que sus objetivos eran militares, acelerar el fin de la guerra y salvar innumerables vidas de muchachos norteamericanos, como resultado de un gran triunfo tecnológico de Estados Unidos. Las justificaciones apuntaban también a contra-atacar el desarrollo de armas por parte de los alemanes y además a la revancha por el ataque japonés a Pearl Harbor en diciembre de 1941.
Pero nada se decía del lanzamiento de las bombas en el centro de las ciudades; de los más de 240 mil muertos civiles, niños, hombres, mujeres y ancianos indefensos e inocentes; de la inminencia de la rendición de Japón y lo innecesario de las explosiones nucleares; ni que el tenebroso acontecimiento desató la carrera armamentista nuclear en el planeta al que ha puesto en gravísimo peligro desde entonces.
En Washington, en una nota oficial se apuntaba que se habían gastado dos mil millones de dólares en la "mayor apuesta científica de la historia. Y la hemos ganado... Ahora estamos preparados para arrasar más rápida y completamente toda empresa productiva que Japón tenga en cualquier ciudad... Si no aceptan de inmediato nuestras condiciones, pueden esperar la lluvia más devastadora de la historia".
La mentalidad creada por el imperio llevó a William Lawrence, tripulante de uno de los aviones de apoyo al bombardeo de Nagasaki, a describir poéticamente la belleza del hongo nuclear y sus colores, sin hacer mínima alusión a los más de 70 mil muertos y a los cadáveres descompuestos y carbonizados que provocó la ‘’hermosa imagen’’ que tanto lo había conmovido.
Lawrence fue capaz de expresar ‘’…era algo vivo, como un ser de una nueva especie, que nacía ante nuestros ojos incrédulos... A medida que el hongo flotaba en el azul, cambiaba de forma adoptando la de una flor de gigantescos pétalos, de cremosa textura blanca y rosado interior…’’
Entre tanto, el coronel Paul Thibetts, comandante de la nave que lanzó la bomba atómica en Hiroshima, declaraba a la prensa : ‘'No tengo remordimientos... Miremos de frente la realidad: cuando se combate, se combate para vencer, usando todos los medios a nuestra disposición. No me plantea el más mínimo problema moral: hice lo que se me había ordenado y, en las mismas condiciones, volvería a hacerlo'’.
El presidente Harry Truman, quien decidió el ataque a Hiroshima y Nagasaki, al conocer el resultado se jactaba: "Éste es el suceso más grandioso de la historia", y afirmaba que "los japoneses empezaron la guerra por aire en Pearl Harbor. Pues bien: hemos replicado con creces"…. (la bomba) fue un regalo de Dios… "damos gracias a Dios porque haya llegado a nuestras manos en lugar de a las de nuestros enemigos. Que Él nos guíe para utilizarla de acuerdo con su voluntad".
Y añadía: "El mundo se enterará que se soltó la primera bomba atómica del mundo sobre una base militar en Hiroshima. Esto se hizo para evitar hasta donde fuera posible la muerte de civiles… ese ataque sólo es una advertencia de las cosas que vienen".
Ya el general Dwight D. Eisenhower se había preguntado "si realmente había sido necesario atacarlos con algo tan espantoso", consideración que en 1958, el mismo Truman confirmó en entrevista televisiva: "Admito que la guerra estaba casi terminada, pero habría sido tonto no usar la nueva arma mortal".
Años después del holocausto, Truman respondía a la pregunta de si se arrepentía de algo en su vida, a lo que respondió con un humorismo sórdido y macabro: "Me arrepiento de no haberme casado antes".
Efectos psicológicos y morales
Aparte de las destrucciones materiales y los desplazamientos de población, la guerra trajo consigo la ruina psicológica y moral, ocasionada por varios motivos: la utilización sistemática de la tortura por la Gestapo, la dominación de dictaduras militares y policíacas, la acentuación de los antagonismos de clases, la lucha enconada entre colaboracionistas y miembros de la resistencia. Otro elemento negativo en este sentido fue la creación de hábitos de violencia y pillaje que trastornaron incluso el orden interno en países que antes se habían destacado por el respeto a las leyes y a los derechos individuales.
Pero el extremo de la ruina moral y psicológica estaba en los campos de exterminio nazis, descubiertos tras la derrota alemana y la liberación de las naciones ocupadas. Se trataba de campos de concentración donde se llevaban a cabo los increíbles programas de exterminio del régimen nazi, “fábricas de la muerte” en las que se intentó la “solución final del problema judío” y se eliminaba también a los opositores políticos del nazismo, al tiempo que se ensayaban experimentos de esterilización y de eliminación de personas con defectos físicos o retraso mental, con miras a alcanzar la "pureza étnica” preconizada por las filosofías racistas alemanas. Aparte de la terrible huella dejada en los supervivientes de los campos de concentración, el conocimiento de aquellas atrocidades provocó un verdadero trauma moral en la conciencia humana ante el hecho inexplicable e injustificable de que una barbarie tal se hubiera podido desarrollar en el mundo civilizado del siglo XX. Pero la humanidad todavía había de presenciar azorada otra barbarie más cuando, en el mes de agosto siguiente, las bombas atómicas estadounidenses convirtieron en un verdadero infierno las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, provocando en ambas la muerte instantánea de cerca de 120 000 personas civiles y dejando una espantosa secuela de radiación nuclear que continuaría cobrando víctimas mortales por muchos años más.

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